El jurisconsulto del rock
Por
Juan Camilo Rivadeneira
Redactor Ámbito Jurídico
Debido proceso, garantías, presunción de inocencia,
concurrencia... El día a día de los abogados y los estudiantes de Derecho está
copado por conceptos, argumentos y teorías jurídicas.
Contracultura, desobediencia, revolución. ¿Qué más se puede
adjetivar sobre el rock? Parece lo opuesto al Derecho.
Quizás se crea que el carácter revolucionario y contestatario de
este género musical no se acerque a lo que el ejercicio del Derecho busca.
Pero, ya sea en traje o chaqueta de cuero, he aquí al Jurisconsulto
del rock, el hombre que ha logrado unir estos dos logros
fundamentales de la humanidad.
Se trata de Guillermo Pesaresi, un latinoamericano nacido en
Buenos Aires (Argentina), cuna del rock en español, abogado y doctor en
Ciencias Jurídicas; además, reconocido autor de varias obras de doctrina
jurídica y docente de la Universidad de Buenos Aires. Gracias a su banda, Rock Nacional Jurídico,
las leyes y la jurisprudencia cobran un nuevo nivel explicativo y de interpretación.
Jurígeno (2012), Jurisconsulto
del Rock (2015), Jurígeno
Express (2015) y
su próximo trabajo musical: Jurista de Metal, el
cual gira en torno a que el abogado debe ser perseverante y fuerte (de metal) a
la hora de defender sus pretensiones, cautiva a la comunidad jurídica llevando
un mensaje de pasión y amistad entre el litigio y rock.
Ámbito Jurídico entrevistó a este polifacético jurista
artista y les presenta su obra musical.
Pesaresi nació en Buenos Aires (Argentina) en 1967, es abogado
de la Universidad de Buenos Aires, cuenta con un doctorado en Ciencias
Jurídicas Sociales de la Universidad del Museo Social Argentino.
Ámbito Jurídico (Á. J.): El Derecho, tan apegado a la norma, y
el rock, tan contestatario ¿cómo unir esas dos pasiones que parecen tan
distantes?
Guillermo Mario Pesaresi (G. M. P.): Efectivamente, el Derecho y el rock son
dos pasiones en mi vida, me debato permanentemente entre la ciencia y el arte.
En cierto modo, no parecen sino que son distantes: el Derecho remite a
formalidad, circunspección, seriedad, reserva; el rock, a informalidad,
diversión, distensión, divertimento.
Sin embargo, nada impide su convivencia, pues se trata de
actividades en diversas facetas, ambos, el Derecho y la música son cuestiones
populares, ínsitas a nuestras vidas. Lo jurídico está presente a cada paso
que damos y la música nos acompaña permanentemente, nos alegra
el alma. Tal es el concepto base de Rock Nacional Jurídico, una mixtura
concebida con naturalidad.
Á. J.: Frente a sus canciones consentidas, ¿Cuáles son las
composiciones preferidas de su código musical?
G. M. P.: Elijo una tema por disco, así que empiezo, me gusta trabajar la idea conceptual de cada álbum, donde si bien las canciones tocan diversas temáticas, hay a veces invisibles hilos conductores. Por ejemplo, en el disco Jurígeno, la idea es que todo es jurídico, nada ni nadie puede escapar.
Principio de concurrencia proporcional
En el disco Jurisconsulto del Rock, el tema que le da nombre a la placa, habla sobre una ley
sancionada en 2012 de fomento de la actividad musical, con lo cual es dable que
los músicos conozcan sus derechos.
Perención
Por su parte, en el disco Jurígeno Express, todo fue rápido, porque queríamos testimoniar un cambio
importante en nuestra legislación: la derogación de los Códigos Civil y
Comercial por uno nuevo, y la implantación en nuestro ordenamiento, entre otros
cambios significativos, del divorcio.
Divorcio Express
Finalmente, el disco que está en plena grabación, y que espero
que salga a mediados de año, y que se llamará “Jurista de metal”, gira sobre la idea de
que debe ser uno perseverante y fuerte (de metal) a la hora de defender los
derechos.
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Á. J.: ¿Cómo es la rutina de un abogado que además de ser músico se dedica a la docencia y a ser escritor?
Á. J.: ¿Cómo es la rutina de un abogado que además de ser músico se dedica a la docencia y a ser escritor?
G. M. P.: Para
hablar un poco de mi rutina, soy judicial hace 30 años, de los cuales 10 llevo
de funcionario; es decir, “estoy del otro lado del mostrador”. Es un trabajo
muy gratificante: el administrar justicia es una actividad muy honrosa y trato
de hacerla con el mayor compromiso y contracción. Luego, mi veta docente la he
acotado a una vez por semana.
En cuanto a la faz de escritor, ello sí insume tiempo, pero al
ser metódico y tener ya una suerte de “know
how”, me trazo objetivos concretos y realizables. En este contexto,
la música tiene su lugar, pero obviamente sólo en los segmentos libres, de
ocio. Organizo las cosas de modo que ensayos y grabaciones sean a una vez por
semana, a veces cada 15 días. Cuando se avecina un concierto, corto unos días
antes de escribir para focalizarme en el show a presentar.
Á. J.: Cuéntenos un poco sobre el proceso creativo cuando encara
cada uno de sus trabajos discográficos
G. M. P.: El
proceso creativo de una canción es algo mágico, que en verdad depende de las
musas inspiradoras. En mi caso, en su origen, el proceso es variable y azaroso.
Puedo componer una canción con una guitarra, con un teclado, manipulando pistas
o simplemente a cappella; a veces me
aparecen las melodías primero, en otras ocasiones busco la melodía sobre textos
ya escritos, indagando en la musicalidad de las palabras. En fin, múltiple.
Claro que ese proceso lo encaro de lleno
durante la vacancia judicial, que en nuestra latitud son todo enero y 15 días
de julio. Con tales esqueletos entra a jugar la sociedad
compositiva que tengo con Mauro E. Lassos, amigo, músico y guitarrista, quien
elige entre los temas por mí propuestos y arma las maquetas de un modo
profesional.
Una vez listos los demos lo llevamos a la banda, tiempo en el
que los restantes tres músicos ponen sus aportes creativos. En cuanto a las
letras, algunas son de carácter docente, otras con guiño procesal, otras tocan
materias del derecho específicas, otras cuentan historias, y las hay incluso no
jurídicas. De todo un poco.
Pesaresi, además de ser abogado y secretario judicial, es
profesor de Derecho Económico, Actualización en Teoría y Práctica Concursal y
Pericias en Ciencias Económicas en la Universidad de Buenos Aires.
Á. J.: Fusionar la música con el Derecho, ¿cómo ha sido esta experiencia con sus estudiantes?
G. M. P.: Es una
experiencia gratificante, muchos se enganchan y se hacen fans de la banda y van
a vernos a los recitales. Para la materia que dicto, tengo al menos tres
canciones vinculantes, que las explico en clases y las tomo en los exámenes. De
todos modos, no deja de tratarse de unas apostillas; lo concreto es el dictado
de la materia al modo tradicional.
Hace muchos años tuve un sueño, al día siguiente de haberme
graduado: que existía un puente entre lo jurídico y
el rock, que se debía destruir el muro entre ambos, que tenía que existir una
comunicación prolífica, decente y docente.
Á. J.: ¿Cómo
asimila un rockero un cambio de jurisprudencia para su ejercicio profesional y
para componer?
G. M. P.: Las
canciones serían en este caso como las leyes, podrán perder su vigencia pero
siguen ahí como documentos, como instrumentos. Algunas de las cosas que se
expresan en mis canciones podrán dejar de ser exactas en el futuro en cuanto
alguna parte de sus letras, como ocurrió parcialmente con mi tema, Disolución de la sociedad conyugal,
pero eso no las invalida como canciones, ya fueron “sancionadas”.
En cuanto al ejercicio profesional, lógicamente que hay que
estar permanentemente informado de los cambios jurídicos (no sólo
jurisprudenciales, sino legales y opiniones de los autores), y en eso cada día
estoy ocupado. No pierdo de vista el primer mandamiento del maestro uruguayo
Couture: “Estudia. El derecho se transforma constantemente. Si no sigues sus
pasos, serás cada día un poco menos abogado”.
Á. J.: Los festivales de música están muy de moda, ¿cómo
sería un festival de bandas jurídicas?
G. M. P.: Hasta
donde tengo entendido, no hay otras bandas jurídicas con el formato de Rock
Nacional Jurídico, sí hay conjuntos conformados por abogados que tocan tal o
cual música, o grupos que tienen alguna canción que habla de algo jurídico;
pero lo que hacemos tengo entendido que es original.
Estuvimos en septiembre en el festival organizado por la
Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, donde concurrieron unas
nueve bandas, pero si bien sus integrantes en su mayoría eran estudiantes o
graduados de esa casa de estudios, ninguna abordaba temática similar a la
nuestra. Lógicamente que celebraremos si tenemos en el futuro otras bandas que
sigan nuestras huellas y en tal caso sería un placer participar de un festival
a tal fin.
La banda la complementan Mauro Lassos (guitarrista), Sergio
Mayorano (bajista), Fernando Viola (teclados), Santiago Suárez (percusión) y en
el piano, Nicolás Ortiz.
Á. J.: En la música como en la carrera para ser abogado se
presentan diversos impedimentos, cuáles han sido las de un jurisconsulto del
rock
G. M. P.: Por
fortuna, no se me han planteado impedimentos que me hagan desistir del
proyecto. Sí hablaría de dificultades propias de una producción como la encarada,
que es totalmente independiente.
Espero llegar algún día a que sea un proyecto autosustentable,
que de momento no lo es. Otro tema, que es muy difícil es el de la publicidad y
difusión, pues no cuento con colaboración ni presupuesto a tal fin; con lo cual
dependo del boca a boca o de lo poco que orgánicamente me muevo en las redes
sociales, por ejemplo,Facebook y el
blog Rock Nacional Jurídico.
Á. J.: Un mensaje para los estudiantes de Derecho en
Colombia que sueñan con ser abogados y mezclar esa pasión con el arte
G. M. P.: Quiero
ser muy cuidadoso en contestar esta pregunta. Yo estoy haciendo esto porque
estoy cerca de los 50 años y formado como profesional, a la vez que si bien
hago música y soy cantautor, no soy músico en el sentido estricto de la
palabra.
Si le tengo que dar un mensaje a un estudiante de Derecho le
diría que primero sienta la vocación, y si la
tiene que pongan todas o casi todas sus energías en estudiar, aprender,
formarse y graduarse para el ejercicio pleno y comprometido de esta difícil
profesión.
La música en este caso no puede venir a invadir ni a perturbar
esa misión, esos objetivos; debería ser algo secundario en sus actividades,
sólo como cable a tierra. Si logra que eso pase, podrá convertirse con el
tiempo en un “jurisconsulto del rock” o en un “jurista de metal”. A contrario
sensu, si la pasión por la música es superior a las ganas de
estudiar, entonces cabrá replantearse la vocación.
Á. J.: Una más, queremos saber sus influencias en el rock
y sus profesores de Derecho esenciales
G. M. P.: Mis
influencias musicales son variadas. En primer lugar, le puse a la banda el
nombre de Rock Nacional Jurídico a modo de
homenaje, pues aquí en Argentina la música rock cantada en castellano tiene una
larga raigambre de 50 años.
Crecí escuchando música vernácula como Luis Alberto Spinetta,
Charly García o Fito Páez, o bandas como Soda Stereo, Virus, Sumo o Los Abuelos
de la Nada. La lista es extensísima. Soy un admirador de este movimiento que,
tengo entendido, fue pionero en Latinoamérica.
También tengo gastados los surcos de los discos de los Beatles y
los Rolling Stones, de bandas emblemáticas de rock sinfónico de la década del
setenta como Pink Floyd, Yes, Génesis, Queen, y de bandas pesadas clásicas, por
ejemplo Deep Purple, Led Zeppelin, AC/DC.
En cuanto a profesores de Derecho esenciales, la verdad que en
directo no tengo ninguno sobresaliente como para destacar. Sí los autores de
libros clásicos con los cuales estudié, como Llambías o Borda en Civil, como
Soler o Fontán Balestra en Penal, como Couture en Procesal.
Puede consultar toda su obra en la
siguiente página de internet: Rock Nacional Jurídico
Equipo de trabajo: Fotógrafías:Luis María Herr, Infojus
Noticias. Comunicadora Gráfica: Lady Johanna Medina. Editor: José Wilmar
Patiño.
GRACIAS A JUAN CAMILO RIVADENEIRA VÉLEZ POR SU GRAN AMABILIDAD Y CORTESÍA. UN GUSTO QUE ME HAYA HECHO ESTA ENTREVISTA DESDE NUESTRO HERMANO PAÍS LATINOAMERICANO.





